Crítica a las categorías tradicionales de la modernidad a partir del pensamiento crítico latinoamericano

 

por José Javier Capera Figueroa*

 

 

Introducción

El desarrollo del pensamiento científico en las ciencias sociales se ha caracterizado por una lógica racional, y un sentido de ver la ciencia como un campo que responde a las condiciones materiales de su época. El fuerte debate que ha dado la teoría crítica por ir más allá de lo tradicional y la discusión dicotómica de la modernidad ha mostrado elementos que intenta superar la idea de ver la política como un ejercicio instrumental, la dominación como la capacidad de que un actor pueda obedecer la voluntad de otro, y el Estado como una figura monolítica que se caracteriza por crear un tipo de clase la burocracia y dotarla de un conocimiento especializado.

La Sociología de Weber (1968) se identifica con el “significado” de la acción social, dado que permite tener una ciencia que responde a una acción posteriori del individuo. En el leguaje weberiano la interpretación adquiere sentido puesto que responde al modo causal del efecto, esta forma de acción se articula con una actividad de sentido intencionado en los hechos sociales, y la construcción de un tipo de ideal de actores con naturaleza semejante.

En efecto, la sociedad desde una perspectiva de Weber responde a la conducta humana que se relaciona con la racionalidad del individuo, acá el interés resulta en ver como una acción social es comprendida a partir de la conducta de otro individuo y permite la validez del objeto. La conceptualización que existe sobre “algunos problemas de la sociológicos” responde al marco epistémico de la sociología como ciencia, la valoración y su relación con la ideología para saber cómo se constituye una lógica de la política en una sociedad moderna (Merton 2002).

El desarrollo teórico de Weber en su primera etapa de producción, se le conoce como un momento donde los principales problemas económicos, políticos y sociales desde una perspectiva histórica aparecen, ya que ofrece aspectos de tipo analítico sobre la realidad alemana (1889- 1899) y la figura que tiene la ley en la acción social. En este momento la idea de pensar la economía, la sociedad y la política se convierte en los elementos que le darán argumentos para problematizar la epistemología y metodología de la ciencia social, a su vez, esta circunstancia le permite comprender en la acción social (Weber 1992).

Siendo así que Weber vincula la política como un ejercicio heurístico que tiene como fin la acción racional sobre un medio, aquí se rescata la estrategia metodológica Weberiana puesto que deja entrever el desarrollo de un pensamiento monolítico y basado en una lógica objetividad y distante de lo subjetivo. La explicación es causal y el efecto de la economía y sociedad desde Weber implica una ruptura instrumento del fin que tiene cada espacio en el desarrollo del Estado- Moderno.

 

Desarrollo

El punto de la “objetividad- cognoscitiva” en Weber responde a una propia lógica del positivismo y el historicismo alemán que le dan elementos para categorizar la política, la economía y la sociedad frente a la construcción del Estado como una entidad que debe tener la capacidad de mantener la fuerza y ejercer el monopolio legítimo de la misma. En ello, se rescata el tipo ideal de un Estado que debe tener criterios propios que legitime las clases sociales, una política estructural que según Weber debe responde a los intereses del Estado para sí, y una economía que se articule con los avances y necesidades del Estado y la sociedad.

Al mismo tiempo, la cuestión de la política en Weber se relaciona con un interés racional más que como un ejercicio funcional a los intereses del individuo por esa razón la connotación económica se ve ligada a un liberalismo social de corte más amplio que permitiera ofrecer las condiciones materiales e inmateriales que aparecen en los hechos sociales propios de una sociedad (Weber 1968).

El sentido genérico de Weber sobre los sectores que conforma un Estado, responde a una tendencia liberal y organizativa de la estructuras sociales de su época, dado que la inestabilidad y problemas de seguridad eran los fenómenos en particular que afectaban el territorio, es así que Weber sitúa la construcción de los “tipos ideales” tal como resulta ser en el Estado al momento que establece una relación de la norma y la acción social donde procede un cálculo de valores con fines y arreglos sobre los ideales normativos de la sociedad.

Así pues, el poder que configura al Estado transciende a un ejercicio de la violencia y un problema de llegar a consensos y acciones comunicativas entre diferentes actores. Reconociendo que la vida social en términos políticos y económicos constituye la autoridad (ley) Weberiana al momento de su legitimidad donde establece acciones que instrumentalizan el disenso y las desigualdades sociales.

En términos concretos, el Estado responde como un resultado de la modernidad que contiene la lógica Weberiana de autoridad, legalidad y coerción a través de diferentes medios. Acá la creencia de valores se delega a la autoridad política, y se da fuerza a la coacción para establecer el imperio de la ley, el derecho de la seguridad y el deber racional de emplear la fuerza física cuando lo requieran las circunstancias. Lo que implica la condición de un individualismo metodológico que actúa en función de la legitimidad del Estado y produce la articulación de los procesos individuales que dan sentido intersubjetivo a la conceptualización monolítica del Estado.

Desde la sociología comprensiva estas categorías se articulan con la dominación y el sentido de la acción, ya que ofrece elementos para ver el Estado, la sociedad, la política y la economía como interactuaran desde una visión eurocéntrica del conocimiento (Grosfoguel 2008). Esta noción del Estado – Moderno se articula con una mirada racionalista que deja elementos peculiares de los proceso latinoamericanos como: las formas de organización indígena, la diáspora de prácticas negras, el sentido y lazos comunales de los grupos sociales excluidos, las revueltas campesinas y las grandes contradicciones del capital y el trabajo que ya Marx narraba en los manuscritos donde explica la inconformidad de los sectores sociales, y la necesidad de construir acciones en función de superar la explotación, la violencia y la crisis de la condición humana en sus tiempos (Marx 2004).

 

Una crítica desde la decolonialidad (conclusión)

La modernidad ha sido reconocida como un sinónimo del capitalismo, ya que su contribución epistemológica se ha basado en categorías como el poder, el Estado, la economía entre otros campos que tienen un sentido funcional en el sistema – mundo capitalista (Wallerstein 2005) debido a que ofrecen una serie de elementos que yuxtapone la realidad latinoamericana y da prevalencia a la imagen de Europa como centro del conocimiento. Es decir, presenta un desconocimiento de los procesos que se han constituido al interior de las regiones donde el capitalismo ha sido tardío, y por ende su modulación de la realidad muestra una miopía sobre la alteridad etno-racial, feminista, indigenista, campesina y solo arguye estos fenómenos como momentos históricos que no hacen parte de la hegemonía de paradigmas eurocéntricos.

Lo que constituye un vacío de las historias, heteronomías políticas, prácticas culturales y discursos subjetivos de lo popular y cotidiano en el territorio latinoamericano, acá el fundamento de la crítica recae sobre la posición universalista, neutral y objetiva de los fenómenos sociales de la región. Ya bien lo mencionaba Dussel la modernidad significa una invisibilización del oprimido de la historia, y responde a un conocimiento que pasa por encima de la dignidad y la vivencia del sujeto trasladándolo a un plano geopolítico del conocimiento donde no existe un reconocimiento de su condición genérica ni su praxis humana.

Tal como resulta ser el caso de “la mercantilización de los movimientos sociales, considera Dussel, es “intentar que los movimientos sociales no pierdan los requerimientos del pueblo, y logre un ejercicio delegado del poder”, llegando al punto de que el pueblo es la única base del poder y cualquier autoridad debe delegar su función al servicio del mismo”.

En conclusión, el pensamiento crítico latinoamericano es una forma decolonial de construir la realidad de estos tiempos, desde este lenguaje crítico- comunal se puede pensar una serie de prácticas que este más allá de dicotomía entre lo tradicional y lo moderno, la izquierda o la derecha. Para así lograr proponer una forma de liberación en la praxis del sujeto que determine sus propias prácticas y acciones comunales. Igualmente, esto simboliza “La apuesta por una alteridad política que es la iniciativa de construir diálogos, traducir los lenguajes populares en acciones cotidianas y luchar en función de un sentido común; lo común no implica un discurso simple, sino la razón de superar los vacíos y vicisitudes que cada sociedad tiene en su contexto contemporáneo”.

Lo que simboliza transgredir las formas arcaicas del poder, la política, la economía y buscar un ejercicio dialógico entre los sectores oprimidos y populares que tiene en su corpus prácticas de resistencia y constitución de otro mundo posible y diferente donde podamos participar, crítica y construir otra realidad que supere la crisis civilizatoria del capital y la explotación multidimensional de la existencia humana.

 

 

 

Referencias

Grosfoguel, Ramón. 2008. “Del imperialismo de Lenin al Imperio de Hardt y Negri: «fases superiores» del eurocentrismo”. Universitas Humanística (65): 15-26.

Marx, Karl. 2004. Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Buenos Aires: Ediciones Colihue SRL.

Merton, Robert. 2002. Teoría y estructura social. México: Fondo de Cultura Económica.

Wallerstein, Immanuel. 2005. La crisis estructural del capitalismo. Bogotá: Desde Abajo.

Weber, Max. 1968. Economy and Society. New York: Bedminster.

Weber, Max. 1992. "Roscher y Knies y los problemas lógicos de la escuela histórica de economía". En El problema de la irracionalidad en las ciencias sociales. Madrid: Tecnos.

 

 

* Politólogo de la Universidad del Tolima. Maestro en sociología política del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, y doctorante en Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana (México). Analista político y columnista del periódico el Nuevo Día (Colombia) y Rebelión.org (España). Correo: caperafigueroa@gmail.com  - http://josecaperafigueroa.blogspot.mx/

 

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[1] Este fenómeno conocido como el giro-epistemológico y conceptual ofrece los elementos para la emergencia del famoso “proyecto modernidad/ colonialidad/ decolonialidad en Latinoamérica”

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