La emergencia de las ciencias sociales

por José Javier Capera Figueroa e Ismael Cáceres-Correa

 

Las ciencias sociales en su tarea de comprender los fenómenos y problemas de las sociedades en sus distintos momentos históricos, se ha dedicado a cuestionar e indagar los procesos que generan dichas circunstancias frente a la realidad social con respecto a la dimensión del sujeto y la estructura societal. La necesidad de proponer rutas emergentes que pudieran cuestionar los enfoques tradicionales de la investigación social, genero una apertura a cargo de pensadores/as, que asumieron una mirada distinta sobre los modos de construir un vínculo entre el objeto y el sujeto de estudio, al interior de las ciencias sociales.

La disputa epistémica de la sociología, al considerarse como una disciplina proveniente de la física social, la cual se encargaría de asumir procesos de investigación que pudieran analizar situaciones como la pobreza, la desigualdad, el suicidio, la educación y las formas de organización en sociedad, solo por mencionar algunos casos, representó un espacio de gran interés en la perspectiva de los estudios clásicos y dimensión epistémica de esta área del conocimiento. Lo que significa, reconocer el estatuto científico de la sociología en su misión de analizar las características de la sociedad moderna (Giddens  2014).

El pensamiento sociológico del siglo XX, simbolizó un espacio de gran interés para las ciencias sociales, dado que pudo proponer teorías, conceptos, métodos y metodologías necesarias para el análisis del mundo de la vida (social) y los fenómenos que constituyen la realidad de cualquier tipo de sociedad moderna. Por tal razón, considera Jeffrey Alexander, que el estudio de la sociología significa una experiencia liberadora que permite la amplitud de discusiones a partir del interés e imaginación del investigador. Al mismo tiempo, posibilita la apertura por comprender diversos escenarios socio-culturales tanto en su interior y exterior en la lógica de la estructura social y el agente, debido a que recurre a los postulados fundamentales, resultado del posicionamiento de los pensadores clásicos en su labor de teorizar los problemas, a partir de categorías que son inducidas de los fenómenos y problemas de investigación (Alexander 2001).

En efecto, la actividad científica de la sociología en sus orígenes, se caracterizó por disputas epistémicas entre corrientes como el positivismo, el racionalismo, el empirismo y la teoría crítica entre otras, las cuales tomaron fuerza en el seno de la sociedad occidental, asumiendo una serie de posturas orientadas a cuestionar la realidad y proponer elementos de análisis a partir de las categorías propias de la sociología de la ciencia. Parte de estas discusiones se vieron influenciadas por pensadores clásicos como Auguste Comte, Harriet Martineau, Karl Marx, Émile Durkheim y Max Weber entre otros (Ritzer 1993).

Las diferencias internas por concebir una autentica disciplina cimentada en un estatus epistémico, permitió que ciertas áreas del conocimiento tomaran una postura epistémica frente a los análisis de otras ciencias, tal como sucedió con las discusiones entre la sociología y la ciencia política, frente al estudio del poder, la política, el Estado, la sociedad y las instituciones, lo que implicó, una confrontación entre teóricos que asumieron una postura direccionada a proponer un corpus científico autónomo, disciplinar y coherente con la capacidad de explicar los fenómenos originados al interior del Estado, la ciudadanía y la sociedad teniendo como referente la modernidad –capitalista (Giddens & Turner 1990).

La confrontación epistémica – disciplinar en el marco del análisis sociológico y politológico, se convirtió en un antecedente fundamental que marcaría el desarrollo de una interdisciplina del conocimiento denominada sociología política. Tal como lo argumentan Oyhandy (2010) y Moreno (2011), al reconocer que en sus orígenes se denominó como la política de la sociología por parte de la corriente norteamericana, y sociología de la política por la influencia italiana e inglesa que se encargaron de asumir un proyecto de legalidad académica en este campo del saber, dado la capacidad de comprender de forma estructural la crisis civilizatoria de nuestra época (Janowitz 1966).

De este modo,  la finalidad del presente artículo consiste en realizar una aproximación analítica de la teoría de los movimientos sociales (MS) desde una perspectiva descolonizadora de la sociología política, teniendo en cuenta los postulados conceptuales de la filosofía y la teoría política latinoamericana, al ser campos teóricos que permiten comprender la praxis, la política, la acción colectiva, la identidad y la reivindicación socio-cultural de los actores organizados de forma autónoma, deliberativa,  voluntaria y solidaria por causas/luchas compartidas en común desde los territorios del Abya Yala  

Las luchas desde abajo que se han gestado en América Latina, permite constatar lo mencionado por los antropólogos Ángel Palerm y Jorge Alonso, cuando reconocen que los procesos de resistencia producidos por los pueblos/comunidades, representan el quehacer de las ciencias sociales en consonancia con la praxis liberadora. Parte de esta situación, configuraría las grietas por ir más allá del velo generado por el eurocentrismo y operativizado por la lógica del capitalismo moderno.

El proceso de emergencia proveniente de los movimientos anti-coloniales en la Europa periférica, África y Asia, que promovieron ordenes alternativos la sociedad dominante,  fueron elementos para asumir un rol deliberativo y subalterno sobre los fenómenos que constituyen los debates polémicos que no lograban ser reconocidos por la democracia procedimental. Por tal razón, la dinámica de actores colectivos que proponían reconocer la complejidad de la esfera social, cultural, económica y política, serviría como un referente propio de la descolonización del saber.

Tal como lo señala, Boaventura de Sousa Santos al manifestar la importancia de reconocer nuevas formas de hacer/pensar las ciencias sociales desde el sur global, lo que significa reflexionar sobre una epistemología del sur que tenga la capacidad de establecer un discurso y postura crítica sobre las tendencias neoliberales propias del capitalismo cognitivo gestado en el paradigma de la ciencia moderna funcional a los intereses de los grupos hegemónicos (Santos 2009).

Parte de este escenario epistémico, está localizado en las discusiones críticas y auto-críticas con respecto al modo en que pensamos y construimos el conocimiento, es decir, desde que orilla se empieza a posicionar los discursos y las prácticas de los actores al interior de las ciencias sociales. Por ello, el reconocimiento de una serie de saberes sociales inscritos en lo que Santos señala como la sociología de las emergencias/ausencias, instituye un proceso subalterno para lograr generar rupturas en el orden de una geopolítica del conocimiento en Nuestra América.

La necesidad de constituir dinámicas descoloniales y populares del sujeto en lo comunal, representa una ruptura con la ciencia moderna/colonial, que sustenta todo tipo de conocimiento a partir de la dimensión del método científico y los diseños coloniales.  Parte de esta tarea simboliza, el pluriverso de discusiones en temas como los feminismos, los estudios descoloniales, el pensamiento crítico, la economía, la filosofía y la teología de la liberación entre otras. La razón de dicha diversidad radica en cuestionar desde abajo e internamente las teorías monolíticas, monoculturales y “universales” que son enseñadas y re-producidas en las distintas universidades y academias del mundo. Parte de este proyecto se sustenta en la interculturalidad y heterogeneidad del saber propio del sujeto y su praxis libradora en comunidad.

De este modo, el proceso de generar críticas epistémico – políticas por parte del sujeto, las comunidades y los pueblos en movimiento, que configuran un tipo de sentipensares y sentiemociones basadas en un lenguaje en común, responde a una relación dialógica y una narrativa en contra del despojo, la violencia y la dominación, tal como ha sido impuesto por los grupos hegemónicos en los territorios periféricos. El debate de cuestionar el conocimiento especializado del mundo académico, y dar el salto hacia una ecología de saberes, tiene que ver con lo señalado por Márquez-Fernández (2018), al criticar las posturas políticas, sociales y culturales que re-producen los grupos hegemónicos y permiten el statu quo de modelos democráticos funcionales a los intereses del capitalismo transnacional y la sociedad neoliberal.

El sentido práctico de la crítica realizada a las instituciones modernas/coloniales que hacen uso de los espacios culturales, tiene que ver con “el acceso a esos poderes que no es realizable por alguna vía expedita que permita evadir la conflictividad de la sociedad de clases, sino que requiere de una recomprensión del status quo en términos de desacatos y resistencias. Las formas políticas de la democracia en el Estado capitalista, tal como los señalaba Gramsci, están revestida ineludiblemente de hegemonía, o sea, de dominaciones que se extienden por toda la esfera de la cultura o modo de vida de la sociedad” (Márquez-Fernández 2018, 20).

La emergencia epistémico situada en el plano de la de(s)colonización de las ciencias sociales en Nuestra América, responde a cuatro elementos crítico de análisis: 1) la importancia de proponer un mundo dentro de otros mundos, a partir de la praxis y las revoluciones populares desde abajo, tal como lo hacen los pueblos indígenas y afros del Zapatismo (México), Nasa (Colombia) y Mapuche (Chile), las rebeliones campesinas, populares y étnicas que promueve un debate por re-fundar el Estado y el tipo de sociedad civil; 2) las luchas populares desde abajo que asumen un giro radical de una praxis subalterna, encargada de proponer modos alternativos de organización que estén sustentadas en la vida, los territorios, las paces y las autonomías en sus procesos sociales colectivos; 3) la disputa por despatriarcalizar las relaciones de poder que existen al interior del Estado y las instituciones modernas – coloniales; y 4)  el procesos de des-territorialización y des-politización del ordenamiento político hegemónico que sustenta un imaginario colectivo enrizado en el sexismo, el racismo, la xenofobia y la negación de la alteridad del sujeto en comunidad. Por ende, la emergencia de las ciencias sociales descolonizadoras se sumerge en una opción por reflexionar desde la interculturalidad y el pensamiento crítico los procesos y fenómenos sociales de esta época.

La necesidad de proponer alternativas innovadoras desde abajo que hagan peso a la lógica de los de arriba, y que permitan construir modelos basados en la praxis co-laborativa y organizativa de las comunidades en sus territorios. Tal como lo señala, Arturo Escobar, al mencionar que el conjunto de cosmovisiones sobre la tierra, el territorio y la comunidad configura nuevas formas de concebir el desarrollo, la relación sociedad – naturaleza y la bifurcación de alternativas antisistémicas y descoloniales de los movimientos sociales en contextos particulares (Escobar 2016).

La lógica de promover un diálogo Sur- Sur, está pensado como un espacio para la integración de saberes enmarcado en una concepción holística, el cual pueda asumir una perspectiva crítica/descolonizadora de las ciencias sociales que sean congruentes con la praxis y el sentipensar de Nuestra América. Se instituye en una acción encaminada a superar el paradigma de una ciencia liberal que ha sido el pilar del siglo XX e inicios del XIX, siendo un reflejo de la vitalidad por superar la narrativa universal, moderna y científica identificada con un tipo de ciencia colonialista funcional a los intereses del sistema mundo-capitalista (Sandoval 2008).

Siguiendo la narrativa expuesta por Catherine Walsh, que considera necesario hacer una crítica al patrón de dominación colonial inmerso en la modernidad, el cual supone una crítica desde “la colonialidad que es el lado oculto de la modernidad, lo que articula desde la Conquista los patrones de poder desde la raza, el saber, el ser y la naturaleza de acuerdo con las necesidades del capital y para el beneficio blanco-europeo como también de la elite criolla. La modernidad/colonialidad entonces sirve, por un lado, como perspectiva para analizar y comprender los procesos, las formaciones y el ordenamiento hegemónicos del proyecto universal del sistema-mundo (a la vez moderno y colonial) y, por el otro, para visibilizar, desde la diferencia colonial, las historias, subjetividades, conocimientos y lógicas de pensamiento y vida que desafían esta hegemonía” (Walsh 2007, 104).

 

 

 

Referencias

Alexander, Jeffrey. 2001. La teoría social hoy. Madrid: Alianza Editorial.

Escobar, Arturo. 2016. Autonomía y diseño: La realización de lo comunal. Popayán: Universidad del Cauca.

Giddens, Anthony. 2014. Sociología. Madrid: Alianza Editorial.

Giddens, Anthony y Jonathan Turner. 1990. La teoría social hoy. Madrid: Universidad Alianza.

Janowitz, Morris. 1966. “Sociología política”. Revista de estudios políticos (145): 79-96.

Márquez-Fernández, Álvaro. 2018. Democracia sub-alterna y estado hegemónico. crítica política desde américa latina. Buenos Aires: El Pregonero- Elaleph.com S.R.L.

Moreno, Luis. 2011. “Sociología Política”. En Teoría sociológica moderna, coordinado por  Salvador Giner, 603-13. España: Ciencias Sociales Ariel.

Oyhandy, Ángela. 2010. “Sociología Política”. En (Pre)textos para el análisis político. Disciplinas, reglas y procesos, coordinado por Eduardo Villarreal Cantú y Víctor Hugo Martínez González. México: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); Universidad Von Humboldt.

Ritzer, George. 1993. Teoría sociológica clásica. Madrid: Ediciones McGraw-Hill.

Sandoval, Eduardo. 2008. La Guardia Indígena Nasa y el arte de la resistencia pacífica. Bogotá: Ediciones Colección Étnica: diálogos interculturales -Fundación HEMERA.

Santos, Boaventura de Sousa. 2009. Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social. México: Siglo XXI- Clacso.

Walsh, Catherine. 2007. “¿Son posibles unas ciencias sociales/ culturales otras? Reflexiones en torno a las epistemologías decoloniales”. Revista Nómadas: 102-113.

 

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