Consideraciones sobre la sociología histórica

por Fabián Bustamante Olguín *

 

En las páginas que siguen me propongo descomponer críticamente el libro de Tomás Moulián e Isabel Torres titulado Discusiones entre honorables. Triunfos, fracasos y alianzas electorales de la Derecha en Chile, 1938-2010, que es una versión ampliada de un documento de trabajo publicado en 1987, bajo el título Discusiones entre honorables. Las candidaturas presidenciables de la derecha entre 1938 y 1946, reeditado en 2011 por la editorial Akhilleus-ARCIS, que consigna hasta el período de la candidatura presidencial del 2010. Esta última edición abarca un período de larga duración sobre la morfología de las estrategias y coaliciones de la derecha en Chile, correspondiente a los períodos de 1938 al 2010, reconociendo en este trabajo el análisis sociohistórico de la derecha chilena, en particular, las estrategias de sus partidos y movimientos políticos en el sistema político democrático, con un breve intervalo en el período de la dictadura militar (1973-1990).

Se podría decir, por otro lado, que este libro se enmarca, a mi juicio, dentro de la sociología histórica y política, principalmente porque Tomás Moulián –que es sociólogo de formación-, posee una sensibilidad histórica por entender el acontecer político chileno en el largo plazo, y no es extraño que haya trabajado esta investigación junto a una historiadora: Isabel Torres, actualmente profesora de la Universidad de Chile. Con ella –digamos, entre paréntesis-, publicó otro documento de trabajo titulado La reorganización de los partidos de derecha entre 1983 y 1988 (1988).

Pero no basta eso. A mi juicio, la génesis del interés por la historia en Tomás Moulián, en este caso, se debe a su interés por explicar las causas del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y su consiguiente dictadura cívico militar de carácter refundacional, que transformó muchos aspectos sustanciales de la vida nacional. En este sentido, la derecha, como sector político, tuvo un papel axial en este nuevo escenario político.

Sobre este punto la sociología chilena en la década de los 80 intentó entender su presente (la dictadura militar), mientras que los historiadores de la nueva historia social chilena estaban más preocupados por el siglo XIX, enfocándose en la historia del movimiento obrero, peonal, campesino, del XIX, para responder a aquella tesis conservadora que apuntaba a que el golpe de Estado fue producto de la radicalización de la izquierda. Si bien la historiografía discutía en acerca del presente en el marco de la dictadura cívico militar, sus análisis intentaban remontarse al pasado, al siglo XIX, para demostrar que en Chile existía una factura histórica entre las elites y el bajo pueblo. Incluso más: no existía hasta ese entonces mención alguna sobre la historia del siglo XX. Ello porque la historiografía social chilena rechazaba la historia política, debido a que era considerada positivista, es decir, una historiografía enfocada en los grandes hazañas de los héroes militares, grandes personajes, eminentemente política y elitista, pero que al mismo tiempo excluía a las grandes masas de los procesos históricos. La primera historiadora que revirtió este rechazo a la historia política es Verónica Valdivia, una de las pioneras en analizar a la derecha, con su indagación sobre las Milicias Republicanas, en primer lugar, y luego hacia los grupos de extrema derecha, fuerzas armadas y las nuevas configuraciones de la nueva derecha: la Unión Demócrata Independiente (UDI en adelante), en segundo lugar.

Agréguese a lo anterior, a mi juicio, el estudio de la derecha –y su contraparte, la izquierda- reflejan un continuo. Ese continuo, que proviene de la colocación espacial en la asamblea francesa en 1789, no se entiende sin mencionar su periodización y su transformación en el tiempo. Derechas e izquierdas, como identificaciones ideológicas mutan a lo largo del tiempo, cuestión que hace imprescindible la referencia hacia el pasado. En ese sentido, Tomás Moulián –y sobre todo Isabel Torres- son conscientes de ello, por eso los motiva entender por las condiciones sociales históricas y cómo cambian las estructuras sociales y políticas con el tiempo en Chile. Al fin y al cabo, quieren responder por qué ocurrió la dictadura cívico militar.  

Es por esta razón que, antes de analizar la obra de Moulián y Torres, comenzaré por abrir un espacio para referirme a la sociología histórica, una subdisciplina de interés para la selección de esta obra. En las líneas que siguen sobrevolaremos sobre la sociología histórica, marco inseparable para entender la labor del libro, que a mi entender permite una mejor comprensión (y revitalización) de esta rama de la sociología, para luego analizar críticamente la obra de Moulián y Torres. 

Lo primero que cabría decir al respecto, es que la sociología histórica tiene antecedentes en las obras de Norbert Elias, en su clásico El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas (2016 [1939]), que, en su introducción, rechaza las convenciones y asunciones teóricas adoptadas por las ciencias sociales y la sociología en particular, intentando derribar los límites disciplinares –y lo que interesa en este escrito-, mixturar la sociología con la historia para explicar el cambio social dentro del acontecer humano en el tiempo. .

Esta síntesis original efectuada por Elias –a nuestro juicio- lo ubica como uno de los pioneros en lo que se conoce como sociología histórica, incluso mucho antes de su desarrollo en las décadas de los cincuenta y sesenta en los Estados Unidos, por parte de algunos sociólogos de diferentes tradiciones teóricas: S.N Eisenstadt (funcionalista); Reinhard Bendix (weberiano); Charles Tilly (durkheimiano); Stein Rokkan (parsoniano) o Immanuel Wallerstein (marxista). También pueden destacarse: Santos Juliá y Ramón Ramos (España), Ludolfo Paramio (Italia), Theda Skocpol, Phillips Abrams y Michael Mann (Estados Unidos), entre otros, quienes han intentado aproximarse desde la sociología a la historia (Beriain y Iturralde 2004, 943). En la década de los sesenta, con los trabajos de Immanuel Wallerstein y Perry Anderson, la sociología histórica comienza a tomar legitimidad como disciplina (Paramio 1986).

Dentro de los sociólogos señalados, por otro lado, el trabajo de la norteamericana Theda Skocpol (1984), quien en su obra Los Estados y las revoluciones sociales, aborda tres revoluciones sociales, la francesa, la rusa y la china, marcó un antes y un después en la sociología histórica, impactando también a los historiadores sociales. El trabajo de Skocpol significó –al igual que su maestro Barrington Moore-, una variedad de la historia comparada, pero hecha por sociólogos, con la ventaja de la conceptualización y teoría (Hernández 2014). A mi juicio estos estudios –como el de Skocpol- se orientaron en análisis políticos marcados por el desarrollo de una sociología histórica comparativa, caracterizada por realizar generalizaciones haciendo hincapié en las exploraciones históricas.

Otra posición analítica en la sociología histórica es de tinte episódica, una modalidad minoritaria, defendida por el mencionado Phillips Abrams, que aboga por una fusión entre sociología e historia, mediante una narrativización de la sociología, es decir, reconducir la narrativa sociológica dentro de una secuencia temporal de eventos, sin embargo esta posición no ha podido por el momento fijar sus objetivos en alguna investigación concreta (Beriain, J y Iturralde 2004, 943).

De todas formas hay que advertir que la clasificación de autores y de tendencias en la sociología histórica es algo intrincado. Cada uno de los sociólogos citados presenta distintos matices. Pero lo interesante de todos ellos es su “sensibilidad de revivir –como señala Skocpol-preocupaciones históricas de gran tradición dentro de la sociología” (Skocpol 1984).  

Con todo, la sociología histórica no estuvo exenta de dificultades, sobre todo por la negativa de presentarla como especialidad o subcampo dentro de la sociología (Beriain y Iturralde 2004, 943). Ello –a mi juicio- porque la intersección de ambas disciplinas, en algunos momentos, conlleva a un “diálogo de sordos”, como señalaba el historiador francés, Fernand Braudel (Burke 2000, 12-4).

Digamos que esta intersección ha generado diversas posiciones y amplias controversias. Una de ellas es la postura que sostiene la distinción entre ambas disciplinas que, pese a que estudian lo mismo, presentan diferencias metodológicas y epistemológicas. Al respecto rescato la crítica que inició el sociólogo inglés –antes historiador- John Goldthorpe en 1994 en British Journal of Sociology, que podría resumirse en cuatros puntos: 1) la sociología y la historia no son lo mismo; 2) que una importante diferencia entre ambas es la naturaleza de sus datos; 3) la sociología tiene la ventaja sobre la historia de no estar constreñida por la existencia o no de vestigios (relics). A diferencia del historiador, según su perspectiva, el sociólogo puede fabricar datos según su propio diseño de los problemas que plantea en una investigación, mientras que para el historiador sin vestigios no hay historia. El sociólogo construye los datos, el historiador los descubre (Castillo 2003, 57-58; Ariño Villaroya 1995,15). Esta perspectiva de Goldthorpe es criticada, porque si bien el sociólogo tiene la ventaja de fabricar los datos a su antojo o necesidad de olvidarse de la práctica concreta de la investigación, que pasaría, como se pregunta, Juan José Castillo: “Y si no le dejan preguntar o fabricar? ¿Y su diseño cuesta unos dineros que ninguna agencia estatal ni autonómica está dispuesta a financiar?” (Castillo 2003, 59).

Por otro lado, hay autores que plantean la unión total entre sociología e historia como Norbert Elias, Phillips Abrams, Anthony Giddens y el historiador Peter Burke, para quienes la sociología es ante todo una empresa histórica de estudio de los procesos en el largo plazo. En cambio, otros adoptan una posición intermedia entre los extremos de la separación sustancial y la plena fusión. Es decir, reconocimiento de la autonomía recíproca de las disciplinas, entendiendo que no son lo mismo, y deberían complementarse. Entre los autores que están por esta posición se encuentra la señala Theda Skocpol, Santos Juliá, Charles Tilly, Ludolfo Paramio y Michael Mann.

De alguna manera la sociología histórica es resultante del proceso de hibridación que las ciencias sociales han venido experimentando en los últimos años. Si analizamos el caso latinoamericano, hay autores como los chilenos Tomás Moulián y Octavio Avendaño, y los argentinos Waldo Ansaldi y Verónica Giordano, que han abordado el acontecer histórico latinoamericano y de sus países basados en marcos teóricos venidos desde la sociológica.  En su apología a la sociología histórica resaltan el concepto de hibridación disciplinaria para entender comparativamente la compleja historia de nuestro continente, a partir de la aplicación de conceptos a situaciones históricas concretas en distintos países latinoamericanos (Ansaldi y Giordano 2016).

En conclusión, sólo diré que historia y sociología están tensionadas no sólo por sus encuadres teóricos y metodológicos, sino también por el léxico de cada una. A mi juicio, la dificultades existentes es que la historia, por un lado, conduce sus enfoques hacia las particularidades, periodizando y precisando en procesos y fechas, y por otro, la sociología se enfoca hacia las generalidades, intentando encontrar los mecanismos o regularidades de los procesos sociales. Además la sociología tiende a guiarse en todo momento por la teoría en sus análisis empíricos, mientras que la historia intenta desprenderse de la teoría en su propósito de historizar el acontecer humano.

En los casos que conozco de obras historiográficas sobre la derecha chilena, como el caso de Verónica Valdivia, aparecen muchos detalles y datos históricos que se podrían aprovechar de mejor manera si son orientados bajo un buen marco teórico (Valdivia 2008). A contrapelo de ello, la ambición de ciertos sociólogos de crear explicaciones universales para encontrar los mecanismos de cambio social en el acontecer humano en el tiempo invisibilizan lo que estoy comentando, es decir, aquellos intentos de indagar problemas específicos en su contexto temporal.

Es por esta razón que es un reto ingente mixturar estas dos disciplinas, las cuales han tenido una relación dificultosa, un diálogo de sordos, recordando la expresión de Braudel. En este sentido estimo que mi comprensión de la sociología histórica se encuadra en una posición intermedia, mientras que considero que el libro de Moulián y Torres se enmarcan dentro de la fusión total entre historia y sociología.

 

 

 

Referencias bibliográficas

Ansaldi, Waldo y Verónica Giordano. 2016. América Latina: la construcción del orden: la colonia a la disolución de la dominación oligárquica. Buenos Aires: Ariel.

Ariño Villaroya, Antonio. 1995. “Más allá de la sociología histórica”. Política y sociedad, 18:15-27.

Beriain, Josetxo y Iturralde, Juan Luis. 2004. Para comprender: la teoría sociológica. Madrid: Editorial Verbo Divino.

Burke, Peter. 2000. Historia y teoría social. Ciudad de México: Instituto Mora.

Castillo, Juan José. 2003. La jungla de lo social: reflexiones y oficio de sociólogo. Madrid: Miño y Dávila Editores.

Elias, Norbert. 2016. El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. 3 Edición. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Hernández, Elena. 2014. Tendencias historiográficas actuales: escribir historia hoy. Madrid: Ediciones Akal.

Moulián Tomás, Torres Isabel. 2011. Discusiones entre honorables. Triunfos, fracasos y alianzas electorales de la Derecha en Chile, 1938-2010.  Santiago: Akhileus, ARCIS.

Moulián, Tomás e Isabel Torres. 1988. “La reorganización de los partidos de derecha”. Documento de trabajo, 388. Santiago: FLACSO.

Moulián, Tomás e Isabel Torres. 1987. Discusiones entre Honorables. Las candidaturas presidenciales de la derecha 1938-1946. Santiago: FLACSO.

Moulián, Tomás e Isabel Torres Dujisin. 1985. “La evolución histórica de la derecha”, Documento de Trabajo Nº 22, Santiago: CED

Paramio, Ludolfo. 1986. “Defensa e ilustración de la Sociología Histórica”. Zona Abierta, Nº 38, enero-marzo:1-18.

Skocpol, Theda. 1984. Los Estados y las revoluciones sociales. Un análisis comparativo de Francia, Rusia y China. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Valdivia, Verónica. 2008. Nacionalistas y gremialistas. El nuevo parto de la nueva derecha política chilena 1964-1973. Santiago: LOM Ediciones.

 

 

 

 

* Doctor (c) en Sociología, Universidad Alberto Hurtado. Profesor en ETHICS, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Correo electrónico: fgbustamanteo@gmail.com.

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